Juan José Jurado Soto
Al contrario que a Benjamín, el protagonista de este libro, a Juan José Jurado no le gustaba ir al colegio de pequeño, salvo para jugar y dibujar. Pero “un castigo divino” le convirtió en maestro para que siguiese en el cole muchos años más. Por suerte, un premio de la misma procedencia hizo que sus clases fuesen las de educación física, o lo que es lo mismo, de las pelotitas, cuerdas, aros… las de jugar. Ha sido secretario, jefe de estudios y director, aunque él desconoce si es parte del premio o del castigo.

