El saber trágico. De Nietzsche a Rosset

Alegría, fortaleza, valor y veracidad -por ese orden- son los requisitos básicos del saber trágico. Desde los presocráticos hasta Clément Rosset, pasando por los sofistas, los epicúreos, Montaigne, Spinoza, Hume o Nietzsche, la filosofía trágica siempre ha desempeñado dos tareas insólitas, una afirmativa y otra crítica. En primer lugar, la de reflejar el vínculo paradójico y necesario entre la simple alegría de vivir y el conocimiento lúcido de una realidad efímera y cambiante, cruel e indigesta, irracional y sin sentido, indiferente por completo al deseo y a la razón de los hombres. En segundo lugar, la de remitir toda ilusión moral y metafísica no tanto al deseo fantasmagórico de un mundo distinto y mejor cuanto a la simple aversión hacia el único mundo existente. Históricamente cuestionada por toda forma de optimismo y de pesimismo, incluyendo I desde luego casi toda la filosofía del siglo XX, no debe extrañar que sea mejor recibida por quienes se inclinan con gusto hacia lo real, pocos filósofos, muchos artistas y media humanidad, que por quienes se sitúan del lado de los espejismos, los filósofos de profesión, los intelectuales y las masas.

  • Autor/es: Rafael del Hierro
  • Nº páginas: 160
  • ISBN: 84-87482-012-8
  • Formato: 13x21
  • PVP (IVA incluido): 15.00 €
  • Encuadernación: Rústica con solapas